Manolo Torres

Periodista

 

La caída del muro en el centro penitenciario de Villavicencio, evidenció las falencias de infraestructura que tiene el lugar

Desde que se cayó un muro de la cárcel de Villavicencio, los habitantes del barrio 20 de Julio no pueden dormir en paz. Cada día el miedo es latente y a causa de este suceso se han desatado otras problemáticas en la zona y también dentro del centro penitenciario de la capital del Meta.

Para conocer más sobre esta situación, el equipo del Llano7días se dirigió hasta las instalaciones de la cárcel para hablar con el dragoneante Johan Steven Alarcón, quien además es presidente del sindicato Fecospec Villavicencio. “La situación es bastante precaria ya que estamos sufriendo situaciones de seguridad dentro del establecimiento”, señaló el funcionario.

Además de esto, el dragoneante indicó que desde hace cinco años un trabajador del Inpec ya había denunciado el riesgo de caída del muro. Sin embargo, nunca se ejecutó una acción pertinente al respecto. “En noviembre del año pasado vinieron unos ingenieros de la USPEC donde dijeron que iban a hacer la construcción del muro, pero esta es la hora y no hubo pronunciamiento”, resaltó Alarcón.

Ante esta situación el dragoneante explicó que la Unidad de Servicios Penitenciarios (Uspec), es la encargada de generar el rubro para la construcción de las cárceles. Sin embargo, el funcionario aseguró que la entidad no ha dado a conocer cuál es el proceso de intervención para reparar estas falencias.

Por otra parte, la caída del muro provocó que los presos tuvieran que ser reubicados en otra área de la cárcel, lo cual ha hecho que se presente una situación de hacinamiento de más del 100 por ciento, según Alarcón.

“Es un llamado que hacemos ante los jueces y la Fiscalía para que no sigan enviando más internos intramurales a la cárcel, ya que las cárceles no son bodegas humanas”, subrayó el dragoneante.

Lo anterior se debe a que en el pabellón Colombia hay un cupo de 1.300 internos aproximadamente y el espacio en donde tuvieron que ser ubicados no supera al de dos canchas de microfútbol.

De esta forma se ven frustradas las actividades de resocialización de los internos y todo esto ha ocurrido luego de la caída del muro el pasado 25 de julio, lo cual aumenta la preocupación de los guardias de la cárcel, ya que no han visto que se esté realizando algún trabajo de remodelación en el centro penitenciario.

Luego de que se desplomara la pared, el plan de contingencia de la entidad fue colocar unas tejas, unos metros de lona verdad y unos palos para sostener el muro, lo cual no genera seguridad o tranquilidad para los habitantes del barrio 20 de Julio, quienes también se han visto afectados por esta problemática.

Ellos han comenzado a denunciar diferentes escenarios negativos que se observan en el lugar. Por ejemplo, la lona verde instalada en la calle, no permite que haya buena visibilidad y quienes consumen alucinógenos han empezado a usar el espacio para fumar y el olor llega hasta las casas.

Por otro lado, los habitantes indican que ya han intentado robarse algunas rejas de las viviendas y quienes tienen auto o moto no pueden estacionarlos en sus residencias, ya que la vía quedó incomunicada.

1.300 Internos aproximadamente se encuentran en estado de hacinamiento tras la caída del muro.

Así mismo, hay ciudadanos que tienen negocios dentro de sus hogares, como es el caso de la señora Doris Cobos, quien vende vísceras desde su casa y lleva viviendo más de 30 años en el lugar. Sin embargo, con la reciente caída del muro ya nadie llega a comprarle sus productos.

Ante estos hechos, los ciudadanos esperan que la intervención sea pronta, ya que cada vez que el viento sopla, el muro se mece amenazando con desplomarse de nuevo. “Hasta que no cobre una vida, tal vez ellos no hacen algo”, concluyó Ángela Medina, otra habitante del barrio 20 de Julio que también se ha visto afectada por la zona y teme que este espacio se convierta en una zona de atracos.