Juan Fernando Alzate 
Periodista

Detrás de las cifras hay realidades que superan todo tipo de cálculo

En la Institución Educativa Santa Inés se matricularon, a comienzos de año, más de 400 estudiantes para la jornada diurna y alrededor de 110 para la jornada nocturna. Pero solo terminaron el año 290 alumnos de la jornada diurna y casi 60 de la nocturna.

La deserción escolar, el traslado a otras instituciones educativas y la inasistencia de los estudiantes son problemas a los que los 18 docentes de la institución, así como la coordinadora y la rectora, están acostumbrados Por eso, cuando se les pregunta a algunos profesores por qué Santa Inés es el colegio público de Villavicencio con el puntaje más bajo en las pruebas Saber 11, antiguamente
conocido como examen Icfes, la respuesta es casi inmediata y está relacionada con las dificultades del contexto al que se enfrentan los niños y jóvenes.

La mayoría de ellos viven en barrios vulnerables y, de acuerdo con una caracterización que la institución piensa presentar a la Secretaría de Educación, casi todos viven en situaciones muy difíciles.

En las realidades de sus barrios son comunes la violencia, la agresividad y el tráfico y consumo de sustancias alucinógenas. A eso se suma la pobreza. “Hay niños que desayunan con aguapanela y una porción de maíz pira. Otros no desayunan”, cuenta una profesora. De hecho, hubo padres de familia que les comentaron a los profesores que no enviaban a sus hijos los días en que no tenían cómo darles un desayuno.

Por eso decidieron adelantar el refrigerio que les daban en el colegio a los alumnos. “Se los dábamos a las siete de la mañana, casi como un desayuno”, dice otra docente.

“La solución tiene que venir luego de un trabajo de equipo entre las entidades”, explica la rectora de la I.E. Santa Inés, Eva Aguirre. Una de las propuestas es firmar un convenio, a través de la Secretaría de Educación, para que las universidades que tienen programa
de psicología lleven psicólogos a la institución para ofrecer apoyo psicosocial.

En la institución ya intervino el Ministerio de Educación Nacional con una actualización de los planes de estudio que, al parecer, están adelantados a los de la mayoría de instituciones educativas públicas de la ciudad. La cuestión es que una cosa es lo que dice el papel
y otra, muy distinta, la que se encuentra en la realidad.

Una de las docentes consultadas expresó que algunos niños “no tienen esperanza ni proyecto de vida” y aseguró que a algunos de los
estudiantes que llegan al grado once no les interesa la calificación de la prueba Saber porque no tienen expectativas de seguir
con sus estudios o de cambiar el contexto en el que viven.

Este año, las directivas y los profesores trataron de llevar a los alumnos a espacios de formación musical, deportiva y artística, a ver si les gustaba y empezaban a utilizar mejor su tiempo libre. Del mismo modo, han trabajado para cuidar las plantas y hacer el ambiente más agradable, para que los jóvenes se sientan cómodos.

La institución también presentó un proyecto de teatro como herramienta pedagógica, pero los cinco
millones que le asignó la Alcaldía para ejecutarlo fueron consignados hasta el pasado miércoles, con el calendario escolar
casi terminado.

La idea es que el proyecto se pueda implementar el próximo año y que los alumnos puedan descubrir su talento, interpretar otros papeles, hacer catarsis y, si lo desean, cambiar las escenas finales.

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