Manolo Torres
Periodista

El censo del Dane evidencia una sociedad colombiana con grandes cambios en su idiosincrasia

Los análisis que ha generado el más reciente censo de población y vivienda 2018, realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística han sido diversos y al mismo tiempo han despertado más cuestionamientos al respecto.

Sin embargo, es importante que los ciudadanos conozcan las aristas de esta situación que pone al descubierto una nueva forma de pensamiento de los ciudadanos colombianos. Para empezar, el DANE reveló que el 51,2 por ciento de la población corresponde a mujeres, mientras que el 48,8 por ciento corresponde a hombres.

48 .258.494 registró Colombia en el 2018, según las estadísticas del Dane.

En este mismo orden de ideas estableció que el 22,6 por ciento pertenece a los ciudadanos que oscilan entre los 0 y 14 años, mientras que el 9,1 por ciento es para los adultos de 65 años o más. Sin embargo, la cifra que genera mayor interés, es la del 68,2 por ciento, la cual abarca a los habitantes que están entre los 15 y 65 años.

Es decir, que la mayor cantidad de ciudadanos en Colombia son adultos que ya están próximos a llegar a la vejez o jóvenes que están entrando en su periodo de adultez o pasando a una edad de madurez más significativa para el desarrollo de su vida.

En cuanta la tasa de envejecimiento distribuida por departamentos el Meta registró un total de 43,34 por ciento con respecto al índice de habitantes de 60 años y más. Para la cifra de 65 años y más el territorio metense tuvo un porcentaje de 29,09. Vemos que en la región más de la mitad de la población también presenta un alto porcentaje de ciudadanos adultos.

Por otro lado, el índice de población joven que oscila entre los 15 y 29 años registró en el Meta un total de 26,54 por ciento. Esta misma cifra de juventud a nivel nacional reportó un total de 25,98 por ciento. Los departamentos que más contienen ciudadanos dentro de este rango son Amazonas, Guainía, Putumayo, Vichada, Guaviare y Arauca, siendo estos tres últimos parte de la Orinoquia.

95,5 hay en Colombia por cada 100 mujeres. Mientras que hay 104,7 mujeres por cada 100 hombres.

El cambio de pensamiento de la sociedad colombiana se puede ver reflejada en otros aspectos del informe entregado por el Dane. Por ejemplo, hay una sección a la que llamaron ‘El empoderamiento de la mujer’. Dentro de este apartado explican cómo la población femenina ha pasado a tener un índice más alto de jefatura en los hogares.

Es decir que cada vez hay más familias donde la que lidera y ordena es la madre (o una figura de autoridad femenina). Explicado con las cifras del Dane la jefatura masculina tuvo un deceso significativo en los últimos años. En el 2005 presentaba un porcentaje de 70,1, mientras que para el 2018 tan solo registró un total de 59,3 por ciento.

Por su parte, la jefatura de hogares encabezada por mujeres pasó de 29,9 por ciento a 40,7, en el mismo periodo de tiempo. Lo anterior evidencia un incremento del 36,1 por ciento.

Esa situación también podría verse influencia por el incremento de oportunidades laborales y educativas para las mujeres. Los investigadores del Dane concluyeron que con un nivel educativo más alto se incrementa también el promedio de edad en el que las mujeres deciden o estás dispuestas a traer un hijo al mundo.

3,1 es el tamaño promedio de habitantes de un hogar en Colombia para el periodo del año 2018.

Para el 2018, las mujeres que más fecundaron son aquellas que poseen un posgrado y obtuvieron un total de 31,4 por ciento, seguidas por las mujeres con educación superior con 29,6 por ciento. Las mujeres con estudios hasta secundaria registraron un total de 26,4 por ciento y quienes tenían estudios de primaria, preescolar o ninguna ocuparon el 25,4 por ciento. Aunque los analistas de sociología han expresado que no se debe pensar a Colombia como un país de gente anciana, sí se debe estudiar la idiosincrasia y pensamientos que están adaptando las generaciones actuales.

De igual forma, es importante que los gobiernos visualicen la calidad de vida que tendrán estos hombres y mujeres que han decido no tener hijos a temprana edad (o incluso no tenerlos nunca), y quienes además envejecerán en un país que no cuenta con buenas políticas labores, de educación, de salud, de pensión o inclusive garantías de seguridad.

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