Carlos Arturo León
 

Parecerá ingenuo, ladrillado y, hasta soñador, decirlo se necesitan si no es mucho pedir, concejales, diputados y, gobernantes, dispuestos a renovar las costumbres políticas. Salvo contados casos -no se puede generalizar-, les duela la corrupción, su ciudad, el campo, la niñez y toda la problemática social y económica severamente lesionadas.

Que en verdad breguen por recuperar la confianza pública y el orgullo de las manos limpias. Resultan fundamentales las reservas morales y democráticas acompañando tan elementales propósitos; no basta cambiar las estructuras electoreras, reclama ello conciencia de cada ciudadano analizando programas de gobierno aterrizados, perfiles transparentes y, credibilidad para sufragar. Obvio, hacerles posterior seguimiento-veeduría respetable.

La muestra, Villavicencio demanda macro obras, coberturas en todo. Del nuevo concejal, fuerte capacidad crítica – oposición vs acompañamiento con buenos criterios y responsabilidad. Apremia administrar con gestión nacional-internacional, parece abandonada esta salvo el pretexto de viajar. –Que el empresariado se empodere con el concejo y alcalde de iniciativas, procesos y, soluciones. Que el POT y la planeación dejen de ser instrumentos de despropósitos y pillaje. Urge mayor atención y efectividad con: El azotado medio ambiente, el espacio público, los atractivos agroindustriales y turísticos y, todo contra la drogadicción, el desempleo e, inseguridad.

Volver a nuestras fachadas amables y calles silenciosas. La identidad llanera no es un cuento. Políticas públicas decididamente en valores y principios, no simples maquillajes sentimentaloides. Que ustedes los dirigentes comulguen con los sectores, estamentos, segmentos en un ideario de decencia real. Miremos cuánto nos estamos deteriorando, sin el determinante compromiso.
Cualquiera sea, no a contratitis, no a improvisación y seguir lo mismo. ¿Será mucho?

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