Carlos Arturo León 
 

Que en tu ciudad encuentres frecuentemente cualesquier vehículo transitando en contravía, estacionando donde le dé la gana, arrojando porquería, emitiendo desproporcionadamente humo-gases, con vidrios negros ocultando su identidad y pisoteando toda regla de tránsito – amén del permanente zarpazo e insulto; o, que la gente extienda en fachadas su ropa, maneje pésimo sus basuras, el estresante ruido, el espacio público, construya sin límites de Control Físico, realice quemas constantemente, tome buseta-taxi en lugar inapropiado y, en contraste la notoria y angustiante ausencia de la autoridad, es porque aparte de hallarse muy mal corre el advertido designio que de ahí al delito sigue solo un paso.

Estas son algunas causas del desarraigo, inseguridad, maledicencia y desarmonía generalizada que en mezcla con intolerancia, odio, desadaptación y tantos antivalores estimulan los índices de violencia intrafamiliar, riñas, homicidios, ataques al medio ambiente, generando hostilidad y enrareciendo crecientemente toda forma de comprensión y convivencia.

Si por desgracia Villavicencio y otros municipios no llegan a tener administraciones y concejos serios como responsables que nos dignifiquen en tantas materias como éstas, dado el vertiginoso avance, estamos llamados al acentuado fracaso en institucionalidad. La pregunta: ¿Cuántos aspirantes tienen real compromiso con los apremiantes de cultura, convivencia, seguridad, junto con la generación de empresa, empleo y, desarrollo? Pensemos que adicionalmente la desconfianza pública por inexistencia moral de autoridad, el micro tráfico de drogas, exclusión social y tantos males están socavando toda esperanza.

De esta última alusión, la triste herencia en Villavicencio de doce alcaldes en casi cuatro años; la nula gestión en megaproyectos; los ríos de dinero y politiquería con el relajo de centenares de vallas, pancartas, etc., presagian seguir esta grotesca decadencia.