Germán Vargas 
 

Y llegaron los comicios sin una reforma electoral de fondo. Quizás porque a un buen segmento de la clase política le conviene seguir pescando en el desorden, desigualdad y corrupción existente.

Veamos: Con el avance de la tecnología también está creciendo el juego sucio en redes para denigrar del contrincante, difundir “fake news”, noticias falsas, así contengan ciertas verdades. Escriben hasta falsedades de sí mismos, como formación académica y posgrados nunca obtenidos, etc. Engañan a los electores con encuestas dirigidas que publican en los medios digitales. Navegamos en un caos grotesco e incontrolable.

La desigualdad en la competencia electoral se manifiesta más en las regiones por la ola creciente del dinero invertido. No importa si es bien o mal habido, o una maniobra corrupta con increíble tasa de retorno a través de contratación. Desigualdad también frente a los prohijados con recursos públicos, o las prebendas de concejales y diputados aspirantes a su reelección.

¿Y qué se exige a los candidatos? ¿Cuáles requisitos mínimos garantizan capacidad, rectitud y moral pública? Apareció en redes un aspirante a la gobernación del Meta, populista e irresponsable, invitando a irrespetar a la autoridad, a desobedecer las precauciones en los derrumbes, a violar las normas y con un vocabulario sucio, bajo e inaceptable. ¿Lo imaginan de gobernador? O el otro, aspirante de la izquierda a la Alcaldía de la ciudad, enarbolando banderas anti corrupción, después de que contrataba a través de terceros en la administración pública. ¡Qué cinismo!