La división en el país no disminuye

¿Justicia por mano propia?

Hay que empezar diciendo que durante este tiempo de protestas y de acciones violentas por parte de algunos miembros de la Policía y también de algunos protestantes, lo único cierto es que en el discurso de ambos lado hay un sesgo y una conveniencia que es la que impide que por un lado las marchas surtan efecto y por otro lado, las acciones de las autoridades terminen en buenos términos.  “Todos los policías son asesinos, violadores, corruptos y un sinfín de insultos” y “todos los que protestan son unos vagos, izquierdosos, marihuaneros, vándalos y delincuentes”, el generalizar nunca ha traído buenas consecuencias a ninguna discusión. 

Es cierto que los policías que violentaron y excedieron su fuerza y que como consecuencia Javier Ordóñez perdió la vida, representan a la institución como tal y que por ser una entidad que está para proteger a la comunidad tienen una responsabilidad inviolable de no ir en contra de los principios de la institución y que debe caerles todo el peso de la ley.

Sin embargo, por el otro lado, también están los ciudadanos que llevados por la ira que provocan hechos de este tipo, justifican el actuar también por fuera de la ley. Es decir, si bien protestar es un derecho, los desmanes, ataques en contra de los uniformados y la destrucción de casi, buses (como en otras ciudades), no son parte de este derecho, también hay un exceso que de igual manera ha cobrado vidas, presupuesto y otras afectaciones.

Mostrar desacuerdo y rechazo a la violencia, con más violencia, no lleva a ningún buen término ninguna situación. Los ciudadanos también tienen normas y límites bajo los cuales también deben regirse.

Sí, la Policía requiere de una urgente reestructuración y un cambio que elimine por completo el exceso de la fuerza y refuerce la protección a la población civil. Pero el comportamiento de muchos ciudadanos también tiene que cambiar, para que se pueda llegar a buen término con estas acciones de protesta y se consigan mejores resultados, que tal vez tarde un poco más, pero que seguramente no comprometerán más vidas.

No se puede pedir NO violencia cuando se responde con violencia, no se puede pedir que cese la corrupción cuando convenientemente cuando la necesitamos hace parte de nuestra conducta, no se puede pedir orden en las calles cuando los mismo que deben proteger y cuidar de esto no aplican el orden y el buen comportamiento. 

El mayor cambio que se necesita, es el cambio de mentalidad. Tal vez no llegue, tal vez desde sus posturas muchos no crean que esto sea efectivo o tan si quiera viable, pero lo primordial debe ser exigir mejoras, siendo consecuentes y no convenientes. Por si no está claro: Es un problema de todos, Policía, población civil y gobierno.

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