María Fernanda Guerrero 

Periodista 

 

A 70 kilómetros de Villavicencio se encuentra El Dorado, un municipio que fue golpeado por los escalofriantes cruces de balas entre la exguerrilla de las Farc y los grupos paramilitares.

Cultivos de café, arroz y plátano regados en el paisaje, así se veía El Dorado antes de la época del miedo. En los años 90 empezaron a llegar soldados con botas y armas distintas, los cuales poco a poco comenzaron a tomarse todo el departamento del Meta.

Pero lo peor inició cuando el paramilitarismo llegó al municipio para enfrentar sin ley a la exguerrilla. Ya las personas se escondían en donde pudieran para no ser alcanzados por las balas que salían de un lado para el otro y si alguno de los bandos veía siquiera que algún campesino se relacionara con el grupo enemigo, lo sentenciaban a muerte.

“El dorado ha sido un municipio afectado por este tema, tanto por sus condiciones geográficas y geopolíticas, ha sido el entorno para que estos grupos al margen de la ley hagan presencia”, dijo a Llano7días el director territorial Meta y Llanos orientales de la Unidad para las Víctimas, Carlos Pardo.

En el año 1998, el gobierno de Andrés Pastrana dispuso de una zona de diestención para acabar con el conflicto con la exguerrilla de las Farc. La zona comprendió los municipios de Uribe, La Macarena, Mesetas y Vista Hermosa en el departamento del Meta y San Vicente del Caguán en Caquetá. No obstante, este intento de paz fracasó y “el gobierno empezó a recuperar esos territorios”, indicó Pardo.

“Llega por primera la vez la fuerza pública a toda la zona de distensión cuando por muchos años nunca hubo presencia de las Fuerzas Militares y de Policía. En estos lugares solo existía apenas un alcalde con 15 o 20 policías en el casco urbano pero la jurisdicción era totalmente solitaria”.

Como si no bastara el conflicto entre el Estado y la exguerrilla, empezaron a sentirse los pasos de paramilitares sobre los terrenos que las FARC habían dejado en El Dorado. Empezaron a llegar de todas los territorios del país, los militares de las Autodefensas Unidas de Colombia. El problema era que esta zona albergaba a muchos líderes, funcionarios públicos, representantes y demás que hacían parte del la Unión Patriótica.

Es así como todo el pueblo de El Dorado conoció los más terribles asesinatos y torturas en el corredor de la muerte, el camino para llegar al municipio, que se convirtió en testigo de muchas tragedias.

“Nos sentíamos en el medio”, expresó Patricia Peña, presidenta de la vereda Caño Amarillo y víctima de desplazamiento forzado. Patricia narra que en el año 2002 fue la fecha en que se encontraron en combate las AUC y las Farc en El Dorado y por ello, se vio obligada a salir de sus tierras, dejando sus cultivos de café.

No obstante, la amenaza de muerte era de lo que menos se temía, pues desde que llegó la guerrilla y luego los paramilitares, ocurrieron los peores hechos violentos que afectaron a más de un inocente. Las violaciones sexuales se convirtieron en una estrategia de miedo y poder, la desaparición, una forma de impunidad y el desplazamiento forzado, la única opción. Allí se vivieron trágicos escenarios de reclutamiento de menores, minas antipersona y demás.

Entre tanta violencia y miedo también hubo espacio para el odio. Mientras tanto, los habitantes de Cubarral y El Dorado no podían ni siquiera verse y aquel que pasara el puente que los dividía era blanco de golpes, rechazos y muerte.
Este conflicto se generó por las diferencias ideológicas y políticas entre conservadores y liberales que aún se mantenían en dichos pueblos.
Sin embargo, esta guerra no vivió por siempre. En 1998, se creó la Asociación de Municipios del Alto Ariari (AMA), el cual, recibió el Premio Nacional de Paz cuatro años más tarde.

Según el director, los varios intentos de paz de los distintos gobiernos ayudaron a cesar la presencia de grupos armados ilegales en el país, sobretodo en El Dorado.

«Regrese en el 2007 porque ellos se desmovilizaron. Regresé a mi tierra por encima de minas, de lo que hubiera”, detalló Patricia.
Según la mujer, hace varios años atrás El Dorado volvió a la tranquilidad, aunque afirma que hay rumores sobre que sí hay presencia de grupos armados ilegales pero en la zona baja de la región.

Hoy en día, El Dorado no representa un peligro mayor para quienes la visitan. Se están construyendo casas, vías, senderos. En las calles camina gente amable y ya no hay rivalidad política.

Pero, la comunidad entera es testigo de lo que pasó y por ende, no olvidan esa época donde ni siquiera podían esconderse detrás de los árboles y de los grandes matorrales, donde calló la sangre de su pueblo. Ahora hay líderes y personas capaces de luchar por recuperar lo perdido y por nunca más volver a llorar a causa del conflicto.