Redacción

Llano 7 días 

 

En 2016, 15 años después de los atentados más sangrientos de la historia, esta sindicalista profesional, hoy madre de tres hijos, fue diagnosticada con un cáncer metastásico. La única explicación lógica: la nube de cenizas y desechos tóxicos en la cual se encontró inmersa el día de la catástrofe.

Además del cáncer, hay muchos casos de estrés postraumático, como el de Kayla Bergeron, que destaca The New York Times, una mujer que cuando se estrelló el primer avión se encontraba en el piso 68.

Ella se salvó de morir, pero pronto perdió su empleo, le confiscaron su vivienda por ‘colgarse’ con los pagos de la hipoteca y tuvo dos problemas con las autoridades por beber bajo el efecto del alcohol. Hace poco se le diagnosticó el estrés postraumático.

Otro sobreviviente, Richard Fahrer, hoy de 37 años, trabajó frecuentemente en el sur de Manhattan como agrimensor de 2001 a 2003.

Hace 18 meses, tras padecer dolores en el estómago, los médicos detectaron a este joven padre un cáncer agresivo de colon, una enfermedad que afecta en general a hombres mucho mayores, y para el cual no tenía ninguna predisposición.

Más allá de las cerca de 3.000 personas fallecidas y más de 6.000 heridas en el derrumbe del World Trade Center, Nueva York no ha terminado de contar aún las personas enfermas de cáncer y otros males graves, sobre todo de pulmón, ligadas a la nube tóxica que planeó durante semanas sobre el sur de la isla.

No solo los rescatistas

Los decenas de miles de bomberos, rescatistas, médicos o voluntarios movilizados hacia el ‘Ground Zero’, donde se erigían las Torres, fueron los primeros afectados.

Ya en 2011, un estudio publicado en la revista científica The Lancet mostraba que estas personas se enfrentaban a riesgos aumentados de padecer cáncer.

Un censo del WTC Health Program, un programa federal de salud reservado a los sobrevivientes de los atentados, dio cuenta de cáncer en 10.000 de ellos.

Jaquelin Febrillet o Richard Fahrer forman parte de las personales “comunes” que trabajaban o residían en el sur de Manhattan cuando ocurrieron los atentados, una categoría de enfermos que no cesa de aumentar.

A fines de junio pasado, más de 21.000 de ellos se había registrado en el programa de salud, dos veces más que en junio de 2016.

Y de esos 21.000, cerca de 4.000 fueron diagnosticados con un cáncer, sobre todo de próstata, seno o piel.

“Es imposible para un individuo determinar la causa exacta (de un cáncer), ya que ningún examen de sangre viene con la etiqueta WTC”, pero varios estudios mostraron que “la tasa de cáncer aumentó entre 10 % y 30 % en las personas expuestas”, explicó David Prezant, jefe médico de los bomberos neoyorquinos.

Y se espera que esta tasa aumente en el futuro, a raíz del envejecimiento de las personas expuestas -los riesgos de cáncer aumentan con la edad- y la naturaleza de ciertos cánceres, como el de pulmón o el mesotelioma, que demora de 20 a 30 años en desarrollarse, dijo.