Miguel Ángel Vanegas 
 

La ética en el ejercicio de la razón sustantiva, tiene como principio la facultad de “sospechar” de todo cuanto la heteronomía quiere imponer, por bueno que sea. A esa “sospecha” consiente y motivada por la libertad responsable del ciudadano, Nietzsche le llamaba “conciencia malvada”. Ya Bacon, Kant y Marx advertían que el campo de batalla donde se debaten las ideas y los argumentos es la crítica, sin la cual los misterios de la religión y del derecho seguirían providencialmente separados de la existencia material que los soporta.

Descartes agrega que el punto de partida metodológico de toda indagación es la duda; con ese instrumento de razón se “deconstruye el mundo actual y se concibe uno mejor”. La fuerza reivindicativa de la filosofía es la superación de la enajenación y la transformación de las relaciones sociales causantes del extrañamiento del ser humano de todo cuanto es de sí y para sí.

La “conciencia malvada” desmitifica los sinsentidos de la razón instrumental de las acciones concretas tanto económicas como políticas y culturales del mundo actual que son depositarias de las contrariedades que consumen a la sociedad en medio del paroxismo del odio y la añoranza del pasado. La crítica y la “conciencia malvada” son el vínculo real entre la historicidad del pensamiento filosófico y la esperanza de hacer factible un mundo donde el derecho a la felicidad sea para todo el ser humano y para todos los seres humanos.