Hugo Velásquez Jaramilo
 

Creía en la inteligencia de Iván Márquez; pude tratarlo cuando debatimos en un evento de la Unillanos y hablamos largo sobre la decisión de dejar las armas y pasar al nivel de la política en su nivel superior la controversia. Aparecer con un puñado de aventureros, uno de ellos invidente, no de seguro no será motivo de preocupación militar, pues parece fuerte su capacidad de confrontación, pero es un duro golpe, uno más al proceso de paz. No valen los argumentos de la indudable hostilidad del gobierno uribista a los acuerdos de la Habana.

Un auténtico revolucionario no es siempre el que se escuda en un fusil sino el que sabe enfrentar las adversidades políticas; superar las contradicciones decía el presidente Mao; tampoco es válida la teoría de la tiranía del gobierno Duque porque Colombia tiene democracia así sea precaria. La actitud de Márquez degrada la lucha política, es torpe y anacrónica, pero propicia, desde luego, a los enemigos de la paz y de la democracia; fortalece las tendencias de derecha y da aires al uribismo para proseguir sus propósitos protervos contra el proceso de paz, alentando su vocación belicista, restablece la estrategia del macartismo en todos los niveles y estimula el paramilitarismo en su propósito de exterminio de los líderes sociales

La locura de Márquez no tiene perspectiva porque no va más allá de ímpetus irracionales, no tiene vocación de poder, algunos afirman que es más el interés narco; reducido con sus hombres a la condición de simples facinerosos no llegarán a la plaza de Bolívar como revolución triunfante porque hoy más que antes se ganó el desprecio de sus antiguos compañeros de la legalidad, que más inteligentes continúan recibiendo reconocimiento de la comunidad internacional y de la mayoría de colombianos por su actitud altruista.

Márquez debía aprender de Mao Tse Tung que “solo los pueblos hacen la revolución” y que por ende no hay en Colombia, ni siquiera entre sus antiguos camaradas, una sola persona decidida a sumarse al manicomio de la guerra subversiva, y que la única tiranía depende de la ignorancia de las gentes que se equivocan eligiendo a la derecha solo porque creen equivocadamente que la izquierda es siempre violencia y de ahí que el desafío de los auténticos revolucionaros y de la izquierda democrática está en elevar el nivel de cultura política, que para Lenín son las condiciones subjetivas .