Manolo Torres 

Periodista 

 

El actor puertorriqueño, Joaquín Phoenix, interpreta al principal archienemigo de Batman en la película dirigida por Todd Phillips. El filme que cuenta el inicio del ‘príncipe payaso del crimen’ ganó el León de Oro a Mejor Película en el Festival de Venecia

En un mundo despiadado en donde las calles están repletas de odio, se crea un personaje oscuro y desafortunado que recibe constantemente los golpes de la indiferencia que le ofrece su vida. Joker (2019), dirigida por Todd Phillips, llegó a las salas de cine para develar una realidad que es olvidada ante los ojos de todos los ciudadanos.

Aunque para muchos la película inspirada en el villano más reconocido de todo el universo de DC Cómics resulta una oda a la violencia, otros observan en ella un llamado a la solidaridad y a la empatía. En ‘Joker’ encontramos una historia sobre los escenarios crudos y desgarradores que deben soportar aquellas personas que sufren algún tipo de trastorno mental.

A través de una historia sombría el director nos lleva hasta las avenidas y barrios de Gótica, una ciudad sumida en el caos, la pobreza y la desesperación. Allí, un adelgazado Joaquín Phoenix da vida a un desahuciado y extraño Arthur Fleck (Joker), quien lucha por mantener la alegría en un mundo devastado por la decadencia. A pesar de sus padecimientos físicos y psiquiátricos, Fleck cree que la risa puede ser una forma de brindar amor al mundo. Con estos ideales, intenta sobrevivir día tras día; cuida a su madre y trabaja como payaso en un empleo mal pagado. Tras pasar por una cadena de desventuras que lo llevarían al límite de su cordura, Arthur se revela contra la sociedad que lo ha puesto de rodillas y en medio de una situación de miseria y locura, pasa a transformarse en un personaje irreverente, perverso y desafiante, que grita contra las ofensas y fuma cigarrillo como si eso fuera lo único que calmase su ira.

Con un traje llamativo, una sonrisa maltrecha pero alegre y un baile casi hipnótico, Phoenix nos transporta al mundo más íntimo del Joker, ese en donde no solo deja ver su risa maníaca, sino también sus quiebres, sus lágrimas, sus deseos más profundos, sus pasiones, sus quejas, sus frustraciones y su mirada más humana.

Joaquín y Todd nos entregan un Joker desorientado, que busca entre las calles mugrientas de Gothan un poco de afecto y amor. Su crítica implícita a un sistema de salud que se olvida de los marginados se vislumbra en las escenas de las manifestaciones y revueltas que se forman para celebrar los actos del ‘Guasón’.

Es aquí también donde vemos reflejado cómo la sociedad flagela a las poblaciones vulnerables pero luego glorifica a los mártires o asesinos cuando estos ya están totalmente hundidos en la precariedad, sobre todo si aparecen como propaganda o noticia en medios de comunicación. Incluso, se hace una apología a la forma en la que los políticos alteran su discurso para conseguir votos de sectores específicos de la población.

Al final, Joker sonreirá a gusto y el espectador puede que sienta una especie de incomodidad que lo hará querer salir de la sala corriendo o quedar petrificado en la silla interpretando lo que acaba de ver. Sea como sea, la película es un importante acercamiento a los pacientes psiquiátricos; un barco de empatía en donde los ciudadanos deben comenzar a navegar.