22 años y el aeropuerto Vanguardia todavía en veremos

La gran culpa de los medios de comunicación en el Meta

A la ministra de Transporte, la doctora Ángela María Orozco, le preguntaron hace 15 días por qué el aeropuerto Vanguardia dejó de funcionar de noche si durante todo el segundo trimestre del año pasado la pista estaba habilitada para operaciones nocturnas. Ella contestó lo siguiente: “operar el aeropuerto Vanguardia de noche no es rentable, ya que cada hora de funcionamiento cuesta 6 millones de pesos”.

Es decir, la poca competitividad y representatividad que habíamos empezado a adquirir a nivel nacional desapareció de un plumazo. Obviamente yo le contestaría a la ministra que averiguara si el metro de Londres, el sistema de buses de Nueva York o el Transmilenio de Bogotá dan alguna ganancia económica; la respuesta es un rotundo no, ya que los servicios públicos en cualquier país están diseñados para prestar un servicio público, no para enriquecer a alguien y el estado es el que pone siempre la diferencia económica para su continuidad a través de los impuestos que todos pagamos.

En mis conferencias sobre región y desarrollo todo el mundo me pregunta por qué Villavicencio queda siempre tan rezagado en el acontecer nacional y la respuesta que doy es siempre la misma: no tiene ni electricidad ni agua constantes, vías llenas de cráteres y no tiene un aeropuerto decente.

Tuve la fortuna de leer un plan maestro elaborado por la firma T.Y.Lin a partir de la ley de 1998 para el aeropuerto Vanguardia y tal parece que nuestros políticos viven en Marte.

Unos propusieron invertir en Apiay y descartar de tajo a Vanguardia otros que deberían comprar terrenos “llano adentro” para que en 10 años estrenemos aeródromo. Casi me arranco los pelos. Es decir, 22 años después de que la ley aprobara un nuevo aeropuerto en Villavicencio, seguimos debatiendo qué es lo que vamos a hacer.

El piso desastroso, la iluminación deficiente, los hangares viejos y sin pintar, el calor sofocante, el pastizal salvaje que bordea el aeropuerto visto desde arriba hacen que no sea para nada atractivo.


Y nosotros soñando con ser competitivos.

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