“Chao mijitico”

Miguel

La historia se repite: Reficar, La Ruta del Sol y ahora, Bioenergy. El mismo entramado de venas rotas que ya producía sospechas por “los cántaros de miel y leche” que anunciaban. Es especial el caso de Bionergy porque aunque dentro de su pragmatismo no estaba necesariamente el mejoramiento de las condiciones socioeconómicas del departamento, fue de buen recibo en la dirigencia gremial y política del Meta y, en particular, de la Altillanura.  

Una visión estratégica tal vez demasiado ambiciosa en medio de las aristas del debate sobre su viabilidad, especialmente por la porosidad del negocio de los hidrocarburos y los biocombustibles; pero además, su alianza con un socio español del que ya existían sospechas sobre su astucia en el marco de las contrataciones en Argentina, Chile y el Congo, llevó a Bionergy a cerrar con fracaso un negocio que perdió, incluida una indemnización a favor de los españoles.  

Adicionalmente, el papelón de la Fiscalía frente al caso, no pasó del fiasco; las propiedades “adquiridas”, sin soporte jurídico confiable y los pagos a Riopaila por una caña que jamás se utilizó, complementan el mosaico de desaciertos. Sigamos: el desconocimiento de las condiciones climáticas y de los ciclos estacionales de la zona, el error en la incorporación de variedades no adaptables para un proceso de maduración óptima y lo que faltaba: la competencia desleal de USA, país con el cual -curiosamente- Colombia tiene un TLC.  

En resumen, lo que comienza mal, termina mal. Pareciera que no haya habido futuribles, tampoco planeación ni análisis sólidos acerca de los nubarrones que ya afectaban los mercados. Pero el cuento para nosotros no termina ahí: el modelo de Altillanura en el cual está inscrita Bioenergy, generó expectativas entre los grandes inversionistas pero también trajo consigo desplazamientos, despojo y violencia paramilitar; se modificaron los planes de desarrollo, y seguramente se reorientaron recursos públicos; adicionalmente, los ecosistemas se alteraron, aun sabiendo de su fragilidad. 

 Hoy esta empresa entra en liquidación y ¿qué nos deja? ¿Acaso, es una nueva expresión de la economía extractiva? ¿Y qué decir del deterioro ambiental causado? Sobre este fracaso, la dirigencia política y económica regional tendrá que decir algo, y reclamar también; finalmente, es nuestro territorio. 

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