Currículo oculto

                   Currículo oculto

Por: Miguel Venegas                  

Los hechos conocidos por la opinión pública en la semana anterior, relacionados con la apología al nazismo en una escuela de formación policial en Tuluá, merecen más que la explicación ya dada con sus respectivas consecuencias, un análisis desde la sociedad civil sobre los procesos de aprendizaje establecidos en la academia militar.

Desde las Ciencias de la Educación llamamos Currículo Oculto  a todas las formas de interacción social dadas en una institución que si bien no están explícitas en los discursos ni en las prácticas oficialmente aceptadas, en su debida dosificación determinan comportamientos  y actitudes compatibles con unos propósitos  que aunque “deseables” no figuran formalmente en el plan de estudios.

En otros términos, no basta con el examen del discurso para determinar el significado y el sentido de una acción formativa sino que es indispensable además observar la  calidad y fuerza del mensaje  y el papel de los actores en ese entramado particular de relaciones marcadas por la  jerarquía y la subalternidad. Philip Jackson, Iván Illich y Basil Berstein, entre otros, teorizaron sobre estos asuntos de los entornos escolares y su “función” a veces no percibida o invisibilizada con relación a los procesos de formación.

Aquí el rótulo indeleble del egresado: “Estudió con Jesuitas” o “Es de la Nacho” decimos; o “de la Sergio”, se me ocurre. Incluso, podríamos asignarle desde la misma teoría criterios de evaluación al cumplimiento de la misión institucional como, por ejemplo,  el conocimiento adquirido, las destrezas y las habilidades, y los valores incorporados como la autonomía, la responsabilidad social, su aceptación del orden social imperante y su condición de agente dinamizador del cambio, al igual que su prestancia y acreditación; pero hay cosas que transitan, permanecen y obran como extraños rituales en función de aquellos propósitos “no dichos” y de los cuales tampoco hay evidencias.  

La sociedad colombiana integralmente, las ciudadanías, la institucionalidad, los partidos políticos y todos los movimientos sociales con convicción democrática, deben demandar del Estado medidas urgentes para que sucesos como el de la escuela de policía de Tuluá no se repitan ni se repliquen.  Ante el fantasma del nazismo, debemos despertar antes de que anochezca, porque corremos el riesgo de no amanecer.

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