Debe triunfar la verdad

¿Quién protesta por los niños?

Así como la pandemia desnudó la profunda desigualdad en Colombia, el proceso adelantado contra el expresidente Álvaro Uribe por supuesta manipulación de testigos, ha permitido conocer las graves falencias de la Justicia colombiana, que parecían superadas tras los escándalos del pasado, pero que continúan incentivadas por la corrupción creciente en todo el país. Sobra enumerar casos, basta recordar que acaban de condenar al ex presidente de la Corte Suprema de Justicia Francisco Ricaurte.

Con tales y tantos antecedentes perdimos la confianza en la rectitud e imparcialidad de la justicia, ahora contaminada con el virus de la política en sus procedimientos y en sus fallos, como se puede inferir sin mucho esfuerzo en el proceso en cuestión. Esto no implica a tantos funcionarios y magistrados de la rama pulcros y respetables.

La Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia, el 20 de agosto de 2020, ordenó la detención del expresidente Uribe, sin justificación distinta al testimonio de Juan Guillermo Monsalve, un delincuente condenado a 40 años de prisión por secuestro. Este sujeto fue contactado por el senador Iván Cepeda, cuando andaba de cárcel en cárcel buscando reos que incriminaran a Uribe. Es de público conocimiento el odio visceral y político profesado por Cepeda contra el expresidente. La cadena de arbitrariedades y la ruptura del debido proceso, como negarle el contra interrogatorio a los abogados de la defensa, chuzar el celular de Uribe, grabar indebidamente a uno de sus abogados con un reloj espía, desaparecer un celular con las conversaciones entre Cepeda y Monsalve, etc, obligaron a Uribe a renunciar al Congreso, para que su proceso fuera conocido por la Fiscalía General de la Nación, según el procedimiento acusatorio nuevo, más público, abierto y garantista. Aun así, el daño y la venganza con la detención ya estaban hechos, la foto de la reseña del Inpec con el número de preso recorrió el mundo, y sus enemigos blandieron su trofeo.

Ahora, Uribe se defiende en libertad, como ha debido ser desde el principio, y motivado porque la verdad se va imponiendo, con la decisión de la Fiscalía al solicitar la preclusión de la investigación.

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