Diálogo Regional Vinculante  y Plan Nacional de Desarrollo 

Paz total, paz completa, el camino de los diálogos regionales

Por: Henry Ramirez Soler

El Plan Nacional de Desarrollo  (PND)  es sin lugar a dudas la verdadera hoja de ruta que el Gobierno nacional tendrá para implementar las propuestas que  presentó durante la campaña, las cuales tendrán que entrar en diálogo con las necesidades y la realidades de los territorios.

La semana pasada el presidente Gustavo Petro presentó los lugares y las regiones donde se va a desarrollar  el Diálogo Regional Vinculante. Serán 48 las mesas distribuidas por todo el territorio nacional,  teniendo en cuenta a los colombianos en el exterior, serán coordinadas  por un ministro o comisionado del gobierno,  encargado de recoger las propuestas, que la ciudadanía presente y que  serán  tenidas en cuenta para la redacción del proyecto del PND.

Para el caso de la Orinoquía, serán Néstor Osuna, ministro de Justicia,  en  Villavicencio.  Arturo Luna,  ministro de Ciencias, para San José del Guaviare y Guillermo Reyes,   ministro de Transporte,  para Puerto Carreño.  

La Orinoquía  requiere que se implementen  una serie de políticas que permitan reconocer la dignidad del pueblo llanero,  y  que sean saldadas las deudas sociales que el Estado colombiano tiene con esta región que se reconoce por su vocación agropecuaria.

¿Pero qué quiere decir el presidente con que estos diálogos sean vinculantes? si de todos modos, el proyecto de Ley que da vida al Plan Nacional de  Desarrollo debe ser aprobado por  Cámara y Senado.  Esta expresión y la metodología de elaboración del PND sin lugar a dudas es un paso  adelante en el desarrollo de una democracia directa, donde los  y las ciudadanas participan  de manera activa en la elaboración de la hoja de ruta del actual Gobierno. 

La expresión vinculante  tiene consigo la connotación de que, lo que se llegue a concluir en estas mesas tiene un cierto carácter de obligatoriedad. ¿Cómo el Gobierno nacional va a garantizar esta promesa?  si muchas de las estructuras institucionales del Estado colombiano están cimentadas bajo la premisa de  la centralización y sobre un modelo de democracia representativa.

Este diálogo vinculante no sólo tendrá el desafío de implementar una metodología realmente participativa,  sino además tendrán que buscar los mecanismos jurídicos y legales para que lo que se concluya sea realmente vinculante y no sea solamente  opiniones que las regiones van a expresar frente a sus necesidades.

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