El negocio, socio

Reconocimiento

Dos hechos fundamentales de la semana pasada, nos demuestran una vez más que el fútbol, antes que los sentimientos que mueve, antes que las pasiones que genera, antes que las emociones que vive, es un negocio.

El nuevo presidente de la Dimayor, Fernando Jaramillo, tuvo que enfrentar una difícil situación y hasta que no anunció que el fútbol regresaba en Colombia el 8 de septiembre con la Super Copa, la Liga BetPlay el 12 de septiembre y los demás torneos el 19 de septiembre, no volvieron las aguas a su cauce. Si la pelota no rueda, no hay patrocinios, no hay televisión, no hay entradas y menos la Dimayor podría negociar los derechos internacionales de televisión que se quedaron en una “linda propuesta” de 60 millones de dólares.

“La novela” de Lionel Messi terminó en que nadie ponía 700 millones de euros por su salida del Barcelona, ni los famosos equipos que lo pretendían se acercaron a esa cifra, ni la chequera de Messi estaba dispuesta a cumplir con la cláusula. Al final “con el rabo entre las piernas”, como dicen los abuelos, Messi siendo el mejor jugador del mundo y con toda su imagen, terminó arrodillado ante el poder del dinero. Tomo dos frases de Jorge Valdano para darle contexto a lo que significa el negocio. “Messi se queda en el Barcelona o se va para la casa”. “Con esa cláusula nunca lo dejarían ir por las buenas”. 

Es tal la magnitud del negocio en el fútbol que en las ligas inglesa e italiana crearon una cláusula llamada Fair Play financiero ante las cantidades faraónicas que estaba manejando el fútbol.  Y si traemos ese tema a la parroquia es increíble que un niño de 12 o 13 años que quiera irse a jugar a otra ciudad o buscar una oportunidad en divisiones menores, las escuelas de fútbol estén pretendiendo cantidades de millones por una expectativa y los equipos del mundo tienen técnicos buscando jugadores menores de edad solamente con el ánimo de comprarlos cuando apenas son adolescentes.

Muchas de las grandes figuras del fútbol en el mundo tuvieron que bajarse los sueldos porque de lo contrario no hay dinero que alcance sin estadios llenos, ventas de abonos, camisetas y toda la parafernalia que mueve el fútbol. Tal vez será el mercado de verano más pobre de la historia, porque ya esos valores que se manejaban quedaron en el pasado de la ante pandemia.

Si no aterrizamos en la actualidad económica y social que vive Colombia y los equipos no cumplen con requisitos de bioseguridad para evitar un contagio masivo, las consecuencias pueden ser aún más desastrosas de lo que ya han sido con esta pandemia.   Como dice el poema llanero: “El que el billete”.

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