El Poder

El Poder

Por: Miguel Venegas R.   

Hace carrera en el mundo académico la propuesta de las Nuevas Epistemologías como respuesta al Eurocentrismo, hegemónico y dominante en el desarrollo del conocimiento científico.

No se trata de posiciones radicalmente opuestas al avance de la ciencia moderna, sino, más bien, hacer compatibles otras formas de comprender y explicar el mundo de la vida, tras el reconocimiento de la memoria milenaria que soporta la existencia de culturas, pueblos y naciones, más allá de las fronteras de la historia escrita desde Occidente.

Particularmente en el campo de las ciencias  sociales y políticas, las experiencias de los movimientos sociales en la construcción de los estados nacionales en tránsito a la modernidad, deben ser objeto de nuevas interpretaciones a la luz de lo que han significado para el proyecto societario, de conformidad con su cultura y su trasegar en la acción política y económica, fragua en la cual se perfilaron las diferentes formas de ser en la sociedad que resultó de todo ese sincretismo.

Un concepto bajo  diagnóstico, es el poder. Desde Max Weber se concibe dicha categoría como el ejercicio de la dominación y la obediencia impuestas por el gobernante; curiosamente, en democracia el gobernante es poder delegado por el soberano, el pueblo, que ha de aceptarlo en su ejercicio bueno o malo, obedeciéndole, lo cual configura de paso una distorsión que ha causado muchas crisis políticas.

El poder que se propone para una nueva gobernanza integra cuatro factores  a tener en cuenta: Fuerza de vida, o la convicción de sobreponernos a la fatalidad de la guerra y  de la violencia como fórmulas de solución de conflictos; la soberanía como consenso y no como dominación, para definir los caminos que nos han de llevar al cumplimiento de nuestros propósitos colectivos; realismo  para definir los horizontes históricos con los cuales podamos comprometernos, de acuerdo con nuestro devenir como pueblo, nuestras necesidades y requerimientos a futuro, y finalmente, potencia como la capacidad de “echar a andar nuestro carruaje de sueños” y poderlo conducir con la certeza de llegar a las metas establecidas.

Aquí el poder no será del gobernante sino del soberano, del pueblo, el cual sabrá exigirle a su poder delegado, obediencia y acatamiento. Es la democracia al derecho, deliberante,  participativa y determinante.

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