El villavo que nos tocó vivir

Sobre el sueldo de congresistas

Entonces éramos niños y Villavicencio urbana comprendía algo más que el Centro. Las familias se conocían entre sí, y en las noches sacaban sus mecedoras a la puerta de sus casas. Bonita costumbre que contribuía a la “vida social”.

Los pequeños apostábamos carreras dando vueltas a la manzana, y quienes vivíamos cerca al parque infantil, y los que no también, concurríamos a jugar canicas, o a convertirlo en cancha de fútbol, cuando no era posible escapar al monumental “Macal”, situado en El Barzal. La pauta en educación la marcaban “La Salle” y el “Mariano, luego Caldas”, y en mujeres “La Sabiduría”.

Rindo homenaje de reconocimiento y gratitud a todos estos Maestros, que forjaron a tantos estudiantes llaneros. En mi caso, al “eterno Hermano Esteban” quien en La Salle formó a muchas generaciones de alumnos hasta su muerte, ya bien anciano. Nos causa profunda preocupación y tristeza, que esa educación soportada de manera especial sobre la axiología, la importancia de la ética y la moral, haya decaído y casi desaparecido como se refleja en la sociedad actual. El afán por el dinero fácil sin importar cómo, permea casi todos los niveles tanto sociales como políticos.

Los ideales de la juventud, ya no son los de llegar a ser un gran científico, o un profesional prestigioso y respetable, o quizás, lo que ya parece utópico, un político admirable y distinguido. Me tocó la época en que los concejales trabajábamos sin sueldo, y luego como diputado, una dieta por sesión, sin que nadie propusiera jamás un chantaje a cambio de contratos al gobernante de turno, como todos bien lo saben hoy, menos las “ias”.

Ya caímos en el eclipse de los valores y en la prosperidad de la corrupción. La invitación es una reflexión en lo que fuimos y vivimos, y en lo que debemos ser, luchando por rescatar esos valores, la política y el país.

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