Golpe a pensionados

¿Quién protesta por los niños?

Las causas que hacen necesaria una nueva reforma tributaria, son comprensibles: la violenta contracción de la economía producida por el Covid, calculada en un 7% del PIB, el déficit fiscal estimado en 9 % del PIB, la inmensa deuda del país valorada en 620 billones de pesos, que corresponden al 61 % del PBI, y para completar una tasa de desempleo que llegó al 15.9 %.

Desde luego, con la sola reforma no será posible recuperar el nivel esperado de la economía. Debe ser acompaña con medidas bien drásticas y profundas como la reducción de los gastos del Estado, de la corrupción, y de la evasión.

Además, sería oportuno tratar de que la reforma fuera distante de las que le gustan al ortodoxo ministro de Hacienda, inspiradas en maximizar a cualquier precio los ingresos, inclusive minimizando la responsabilidad social que conlleva la ruptura de la desigualdad creciente, desnudada por el virus durante la pandemia.

No se conoce hasta ahora, ningún plan de austeridad burocrática, ni de los gastos derrochones en las entidades públicas, ni de los salarios escandalosos de $36 millones de pesos mensuales de los Congresistas, que arrastran a los de los Magistrados de las altas Cortes, y otros altos funcionarios del Estado, y siguen, y seguirán creciendo por norma constitucional que nunca modificarán.

Estos ajustes o proyectos que implican autoridad moral deberían ser prevalentes. Pero en cambio, sí se conocen los planes, por ejemplo, para poner a tributar a los pensionados, quienes con miserable pensión, ven cada año cómo quedan rezagados sus salarios reales, pues no reciben aumento acorde con el mínimo legal, sino con el IPC. Con ese tributo los van a pauperizar. Se conoce que son tratados como los muebles viejos, y premian su sacrificio de haber entregado lo mejor de su existencia al trabajo del país, arrebatándoles el 25 % de su salario al momento de jubilarse. También se conoce que a cada Parlamentario se le acaba de asignar una línea de telefonía móvil, celular, hasta un pago mensual de $213.000 pesos mensuales. ¿Qué sentirá quien vote una reforma así, comiendo pan delante de un pensionado con hambre, cuya tortura padecen la mayoría de los jubilados del país? *Villavicencio, febrero 18 de 2021.

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