Horror, caos y vergüenza

Pitingles y cometas

Aceptando que hubo excesos por parte de tres agentes de la policía, tenemos que aceptar también que el vandalismo no es la manera correcta para hacer un reclamo.

Una injusticia hecha al individuo, es una amenaza hecha a toda la sociedad, pero no puede ser así como se exige. No puede llegar el momento en el que nadie respete las instituciones ni el que las instituciones no respeten a nadie.

La demostración de la existencia de un pueblo indignado, que no mide las consecuencias de sus actos, ese desbordamiento desmesurado de una vulgaridad descontrolada, es la muestra exacta de una falta de cordura ante situaciones que se salen de cualquier control. La muerte de Javier Ordóñez tenemos que lamentarla por la brutalidad humana y falta de respeto a los derechos humanos, así como también, el fallecimiento de varios ciudadanos que estando en la revuelta o fuera de ella, ocasionan dolor y tristeza a sus familias. Además, más de 300 heridos entre el pueblo y la policía, es una demostración de salvajismo reprochable.

Una justicia enferma causa la muerte de un Estado. Tenemos que hacer todo lo posible para que vuelva el respeto y la confianza en las instituciones. Ellas están conformadas por seres humanos, unos que cometen errores, pero la gran mayoría cumple con su deber. No puede ser  que todo lo que se ha construido para el servicio de todos, lo destrocemos bajo los efectos de la ira y de la grosería. Nunca la violencia ha dado resultados positivos.

Contenido Relacionado