La inquisición

La inquisición

Por: Por Miguel Venegas R.                

“Está de alquilar balcón”, decían las abuelitas cuando se alborotaba el cotarro con alguna apreciación o comentario salido de tono o en contravía del canon imperante. Y es larga la lista de asuntos que en estos días han comprometido nuestra atención y nos han obligado a acudir con  disimulo al Dr. Google. Últimamente fue lo dicho por la ministra de Minas y Energía sobre la teoría del Decrecimiento. Fácil, cuando los recibos de la luz llegan caros, comenzamos a apagar bombillos, mientras los ingresos mejoran. “Hay que ahorrar” es la sentencia. Los grandes dilemas que enfrentamos hoy en el mundo nos llevan a la formulación de estrategias que pueden ser impopulares o verdaderas locuras pero entendiendo la urgencia, se deben -al menos- tener en cuenta porque lo que se avecina, si no hacemos nada más que crecer, nos pondrá en las puertas de la incertidumbre y a lo mejor, de manera tardía. El dilema que nos ha impuesto el modelo económico es Crecimiento vs. Desarrollo.  Dicho de otra manera, productividad, rentabilidad económica y ganancia; es en suma, la racionalidad capitalista de un lado, contra productividad, rentabilidad social o calidad de vida y sostenibilidad no solamente del modelo sino del planeta, por otro. Aunque ésta última está ahora incorporada en los discursos, aun el “extractivismo” neoliberal campea azolando regiones enteras en el mundo “subdesarrollado”; en Colombia, por ejemplo la devolución de una concesión minera por parte de una multinacional al Estado, sin compensación ni restauración y con río desviado, deja a las comunidades locales literalmente en la intemperie. La teoría del Decrecimiento, vigente en los discursos ambientalistas desde los años sesenta, cobra fuerza con la debacle climática que nos amenaza, pero indudablemente debemos acompañarla de otras dos grandes propuestas: la Descolonización y  la Transmodernidad, que se erigen en los discursos contrahegemónicos alternativos vinculantes del Sur- Sur Global. Como pueblos del mundo, tenemos derecho a soñar en un Indicador de Felicidad  distinto al acostumbrado PIB que nos mide de conformidad con nuestra contribución al desarrollo del Norte. A buena hora, es menester revisar la naturaleza y forma de operar de los Fondos de Estabilización y de Confiabilidad, porque por allí se pueden “escurrir” los recursos públicos que protegen la inversión extranjera de las amenazas del mercado. Y eso no está bien.

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