La nueva iglesia católica

Meta “Quo Vadis”?

La iglesia católica colombiana tiene enorme deuda histórica con la sociedad; el innegable contubernio con el conservatismo, la colocó del lado de las élites. Obispos como Miguel Ángel Builes instigaron la violencia de los años 40, justificando la misma por una imaginaria dispensa: la convención del partido conservador declaró ese mismo año que tenían que reconquistar el poder el precio que fuera. Los prelados bendecían las armas del gobierno, y este correspondía con concordatos y consagraciones al santoral; la cultura de la exclusión y de la resignación, como virtud. En el Meta, muchos gobernadores contaron con algunos clérigos.

Hoy la nueva iglesia reconcilia al pueblo con el Cristo auténtico. El reportaje de monseñor Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá, (El Tiempo, 20 de Diciembre del 2020), revela la nueva iglesia, tardía, pero es el “aggionarmiento” del concilio Vaticano II, abrevando en las fuentes del papa Juan XXIII, de Francisco; las encíclicas “Pacem in Terris”, “Mater et magistra”, reemplazaron los apolillados textos de Laureano Gómez que inspiraron a tantos obispos. Para Monseñor Rueda: la muerte de líderes sociales se explica por la combinación de fuerzas fratricidas; implora por un pacto humanitario por la vida, la verdad y la resolución dialogada de los conflictos; reclama por los campesinos y la reforma agraria integral y la solución sostenible de los problemas del campo.

En el escenario político, rechaza la codicia de los gobernantes y su instigación a fragmentar la sociedad. Expresa su rechazo a las aspersiones aéreas con glifosato y llama a diferenciar al campesino frente a los eslabones poderosos del narcotráfico.

Monseñor Rueda coincide con su colega Darío Monsalve, arzobispo de Cali, que de tiempo atrás, clama por esa nueva iglesia, la de Camilo, la de Helder Cámara; indudablemente, estamos ante el auténtico Cristianismo que se inspira en el evangelio alejado de las lisonjas palaciegas; políticamente esa iglesia del pueblo de Dios, como la definió el Concilio Vaticano II, empieza a confrontarse con el establecimiento y con la derecha de Colombia.

El uribismo, (la derecha colombiana por su nombre), no tendrá más soporte en los púlpitos encubren sus concupiscencias con un falso cristianismo que nunca profesó con hechos. Las torturas, las desapariciones, los falsos positivos, la aporofobia, la represión a las movilizaciones sociales, de seguro que sólo seguirán contando con el apoyo de los pastores de “Colombia Justa y libres” serán el señuelo embaucador, porque del otro lado hay una nueva iglesia con los que luchan por Colombia. La izquierda tiene un nuevo aliado en el catolicismo y por eso parará la apostasía de las masas.

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