Necropolítica

Necropolítica

Por: Miguel Ángel Venegas

Mientras se publicitaban los viajes turísticos al espacio por parte de magnates billonarios, sobre la fas del planeta otra realidad parecía aplastarse: los países pobres tendrán que esperar hasta el 2023 para tener acceso a las vacunas contra el Covid-19.

La pandemia ha dejado en evidencia una triste verdad: que a los pobres del mundo ya no hay necesidad de matarlos, simplemente se les deja morir. Definitivamente, quedarán atrás las grandes invasiones y el sometimiento de pueblos enteros al poder de ejércitos extranjeros y de potencias hegemónicas; es más práctico que a través de una política pública de acción u omisión, los Estados se dediquen a administrar el darwinismo social.

 La cuestión étnica, la condición económica y otras formas de enclasamiento y exclusión social, determinan la suerte de grupos humanos que acostumbrados a la incertidumbre y al abandono, asumen la fatalidad de la muerte como una expresión más del determinismo y no como consecuencia de los injustos desequilibrios construidos a través de la historia y que actualmente se expresan en la ausencia del Estado o en su demora para la asistencia, protección y atención a comunidades vulnerables o -hablándolo escuetamente- en peligro de extinción. Generalmente, los medios enfatizan en los cuerpos paramilitares, en la acción intrépida de conductas individuales y colectivas comprometidas en asesinatos, masacres y desplazamientos o en excesos de la Fuerza Pública llamándolos “Terrorismo de Estado”, incluyendo la sospechosa impunidad.

En suma, para el develamiento de la Necropolítica, en estos dos casos, ambos de extrema gravedad, hay señalamientos por omisión y por acción, pero sin lugar a dudas, es más devastador el primero, curiosamente el menos visible. Un elemento adicional que solapa la verdadera intención es la indolencia -por no decir indiferencia- ante la tragedia, a pesar del discurso cínico acompañado de estadísticas y toda la parafernalia institucional, discurso que dista mucho de la crudeza de las necesidades y de las soluciones.

 Entonces, instancias como la ONU, la UNESCO y la OEA pierden todo su sentido porque sencillamente ya no son útiles para el reparto del mundo ante el poder de las corporaciones, las multinacionales y organismos como la Ocde, el G-7 y la OMC. Pero el futuro no es inexorable, el cambio climático exige nuevos diálogos, otras miradas, más humildad y mucha sabiduría.

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