Obituario

Pitingles y cometas

Permítanme hoy, aprovechar esta columna para hacer un homenaje de reconocimiento, agradecimiento y admiración a un hombre recto, empresario, justo, amable, servicial y emprendedor, que llegó de Medellín en los años 60, en búsqueda de progreso, lo encontró con sudor y empeño, lo disfrutó con satisfacción y alegría y lo enseñó a través de su esfuerzo y dedicación. Hombre cívico por naturaleza, él fue Alfonso Ochoa Gaviria.

Inicialmente estuvo maleteando con telas, al poco tiempo organizó su almacén Victoria, cerca al hoy, Banco Popular; desde allí proveía con créditos al llano y luego obtuvo ser el Agente de Fabricato para el Meta y la Orinoquia.

En su trasegar social, fundó y presidió a Fenalco Meta, fundó y presidió a Cofrem, fundó y presidió al Club de Tiro, Caza y Pesca “Los Llaneros”; con don José Botero Villa y mi padre, fundaron la Sociedad San Vicente de Paul, con la que atendieron a muchos ancianos pobres. Desde 1.974 participó en la Junta Directiva de la Cámara de Comercio donde también ocupó la presidencia y humanamente se distinguió por ser supremamente cordial, gentil y amable. Con su primera esposa, Cecilia, tuvieron a María Victoria y a Martha Cecilia, y con su segunda esposa, Blanca, conformaron un hogar con tres retoños: Carlos Arturo, Sonia y Carlos Alfonso.

Es una sensible pérdida, pero nos llena de satisfacción, el saber que ahora está en mejores condiciones que nosotros, quienes solo nos aferramos a la esperanza católica de un próximo reencuentro. Gracias Alfonso.

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