Pandemonium

Pandemonium

Por: Miguel Ángel Venegas

Cada día trae su afán, acostumbrábamos a decir hasta hace poco; y esa monotonía en el acontecer de vez en cuando se rompía con una sorpresa que irrumpía en el ambiente y producía los consiguientes sobresaltos.

Por estas calendas, son tantas las noticias que ya no alcanzamos a reaccionar e incluso, hasta hemos perdido la capacidad del asombro.

Esa es la crisis a la que asistimos, y por la cual los rumbos que ha de tomar el país son literalmente desconocidos. La protesta social de los dos últimos meses, en medio de la campaña de estigmatización y señalamiento a que está siendo sometida, deja en evidencia que una nueva realidad desafía los cánones de la legalidad y del “buen comportamiento”.

Las calles y las plazas son escenarios donde se expresan las ciudadanías hasta hoy anónimas y marginadas de toda posibilidad de participar en las grandes decisiones que definen el futuro de la sociedad, decisiones muchas veces tomadas de espaldas a las condiciones específicas de provincias y regiones y sin atender la experiencia vital que sobre sus territorios han desplegado por años de lucha, campesinos, comunidades negras e indígenas, y diversidad de actores que cotidianamente le apuestan a la vida, contra la violencia y el olvido, en la ciudad y en el campo. Lo que estamos presenciando, sin lugar a dudas llena de espanto al “establecimiento” acostumbrado a mentir, a aplazar y a reprimir.

Tres cosas son ineluctables en el análisis: la movilización social de cientos de miles de jóvenes con opción de incidir para el cambio y a los cuales el Estado trata de “vándalos y criminales”; el poder local y la democracia participativa exigen un cambio institucional que implica acompasar el ordenamiento territorial de acuerdo con las dinámicas ambientales y socioeconómicas singulares y diversas propias de un Estado multicultural, lo cual exige de paso, innovaciones en el quehacer político de la representación.

Finalmente, reinventar desde la Historia y la Cultura referentes de Nación que respondan a esa voluntad de querer pensarnos colectivamente como país. No valdrá de nada la reforma tributaria anunciada, ni el cambio de uniforme de la policía, tampoco la reducción del Congreso, ni mucho menos la propaganda mediática oficial, descomunal y engañosa. Fácil: volver al terruño, dirían los franceses.

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