¿Para dónde vamos?

Meta “Quo Vadis”?

Nadie pretende destruir al Estado, pero para el gobierno las cosas no pintan bien y estarán peor. Se avecina la lucha social que pondrá al pueblo en las calles, y no será obra de Gustavo Petro, tampoco de la izquierda ni el imperceptible e inexistente “Castrochavismo”, ni el foro de Sao Paulo vistos en las alucinaciones de la derecha.

Colombia camina directo a la subversión social provocada por agentes desestabilizadores colocados dentro del gobierno; ellos son los que subvierten el orden; los funcionarios de Duque están incitando al levantamiento popular que se avecina. Orlando Fals Borda, padre de la sociología en Colombia, en su obra “Subversión y Cambio Social” llama “la descomposición del Orden” y allá nos los n actuales gobernantes. Estos son los provocadores: la vicepresidente y su desprecio por los pobres, el Ministro Carrasquilla y su cinismo expropiador a la clase media y a los pobres, así como su añeja predisposición a la corrupción, que tiene cientos de municipios quebrados; el Ministro de Salud y su torpe manejo de la pandemia y el evidente aprovechamiento de los recursos para enriquecer a unos cuantos; el mismo presidente con su tedioso pero costoso programa de televisión, y hechos como el asesinato de líderes sociales; la despiadada guerra con el glifosato, el abandono de los acuerdos de paz, pese a ser política del Estado.

Pero sobre todo la desfachatez de la reforma tributaria, que pende sobre la clase media y sobre los pobres. El gobierno logró, lo que no intenta la izquierda: llevarnos la lucha de clases.

Enseña Fals Borda que las situaciones provocadoras de la subversión generan “grupos de personas comprometidas”, y hoy tenemos prestos a la batalla la cristiana rebelión de los obispos y curas católicos, comprometidos con la justicia social; los intelectuales de avanzada; universitarios y mujeres, obreros y sindicalistas, los pueblos indígenas, y los partidos alternativos. Todos habrán de salir a las calles el 28 de abril, y otros días; el resto del año y el año próximo; será inevitable la efervescencia popular; desenmascararan al gobierno, a los parlamentarios que se sumen a la insensible reforma tributaria; al partido de gobierno y su mesiánico prestidigitador Uribe; al presidente Duque y su gabinete; a la derecha y a la prensa, a todos los que se atrevan a apoyar la reforma tributaria.

El gobierno se atendrá al ESMAD, a su poder de fuego; a sus mayorías parlamentarias, al fiscal y procuradora, para seguir con su terca insistencia de la reforma tributaria; Similar terquedad ilusionó a Piñera en Chile, a Lenin Moreno en Ecuador, sacaron a las gentes a la calle y se les obligó a plegarse a las exigencias populares. El único sosiego para el uribismo, radica en la inteligente dirección que tendrá la movilización social que sabrá decidir y orientar cada paso, cada decisión. A Duque más le habría convenido un concierto con Maluma, para mostrar su vocación de gomelo, y no el atrevimiento de gobernar un país sin tener preparación.

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