Pitingles y cometas

Pitingles y cometas

Todos los años hemos esperado el veranillo de agosto para elevar pitingles y cometas. En el 2019, el invierno no lo permitió y miles de jóvenes y artesanos se quedaron con su producto y en el 2020, ni la pandemia ni el invierno, facilitaron que tal espectáculo se viera, se gozara.

Definición de “pitingle”, sólo la que en el año 2010, le dedicara el profesor Otto Gerardo Salazar, en un artículo para El Tiempo, en el que lo manifiesta como “mensajes multicolores de papel de seda y verada, que se echaban a volar al cielo y eran manufactura hogareña para que la aeronáutica infantil desplegara modelos, diseños, colores y formas”.

También en los años 2002 y 2010, el profesor Oscar Alfonso Pabón, los detallaba como “un disfrute lúdico a sus pilotos en tierra. Artefacto volador en forma de diamante, cuyo esqueleto se construye con veradas que son el tallo de la flor de la caña brava y con engrudo de yuca, hilo calabrés, cola en tela y piola”.

Recuerdo también a Marco Antonio Franco que realizaba un concurso en el cerro El Redentor y desde Cristo Rey, niños, jóvenes y adultos disfrutábamos el espectáculo.

En Argentina y Nicaragua se les conoce como Barriletes, Chichiguas en República Dominicana, Chiringas en Puerto Rico y Cuba, Pandorga y Culebrina en Méjico, Papalote en Costa Rica y Papelote en Honduras. Piscucha en El Salvador, Volantín en Chile y Abilucho en España.

Llámense como se llamen, tienen que volver, no nos podemos olvidar de tan bello juguete.

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