¿Porque el grupo Santo Domingo no ha invertido lo prometido en el Llano?

Impacto del libre comercio con Estados Unidos en la industria agrícola del Llano Segunda Parte

Hace 12 años el grupo Santo Domingo lanzó la estrategia oficial de convertir al llano en la nueva punta de lanza agrícola no solo de Colombia sino del mundo. Efectivamente un año después empezaron a aparecer las primeras inversiones personales de Alejandro Santo Domingo en la zona, mediante la siembra de soya y maíz.

Valórem una de las holdings de inversión de la familia Santo Domingo aprovechó su experiencia en el sector de logística y transporte para montar una infraestructura en la Orinoquia que incluía muelle, puerto, remolcador sobre el río Meta y hasta un planchón de 1.600 toneladas para evacuar carga. Me sentí esperanzado y contento.

Yo sentí que el sueño que tenía de ver convertir los Llanos Orientales en una gigantesca despensa de granos, aprovechando sus amplias extensiones de tierra para sembrar, se estaba convirtiendo en realidad. Pero tres años después sin ton ni son no volví a escuchar del tema.

Nadie sabía nada. Pero me quedó el mosco detrás de la oreja por años y me puse a escarbar por qué el grupo Santo Domingo no ha invertido lo prometido en el llano. El primer factor que encontré fue la incertidumbre jurídica sobre los predios que tiene paralizados muchos proyectos y ya produjo la primera baja: la liquidación de Sugranel, la empresa creada para sacar la producción que se planeaba en la región y que pertenece a Valórem.

Me dijeron: “En razón a la situación legal y política de propiedad de las tierras en el Vichada, hoy no es posible consolidar un proyecto agroindustrial en la región”. El segundo factor es que nunca hubo concertación con los campesinos de estas regiones del Meta, del Casanare y del Vichada.

Pero yo encontré un problema de fondo: mientras que en Colombia no hay una verdadera ley de tierra discutida, armonizada, compartida y aprobada entre todos los involucrados: los campesinos, los despojados, los agricultores, los ganaderos, los colonos, los industriales y el Estado nunca habrá ni paz duradera, ni inversión, ni progreso.

 El campesino trabajará su parcela en economía de subsistencia y morirá marginado y pobre, el despojado se sentirá siempre resentido por la injusticia, el ganadero siempre será profesión peligro, el colono llevará la etiqueta de ilegal, el industrial no se atreverá a invertir y si lo hace será a cuenta y riesgo y el Estado quedará impasible e inane. Colombia necesita una ley de tierra.

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