Que no se pierda la alegría

La medalla de  la dignidad

En un país que va rumbo a completar tres meses en cuarentena, donde las actividades comerciales se fueron al abismo, donde las condiciones económicas de los estratos 1, 2, 3, 4 y hasta el 5, estamos pasando difíciles momentos, donde la incertidumbre es la gran enemiga de la salud mental y donde no sabemos hasta cuando irá esto, lo único que no se puede perder es la alegría y las ganas de vivir cada día que Dios nos da.

Somos un país que vive buscando conflictos, donde 3 policías le pegan a un anciano por tratar de trabajar, donde armamos un escándalo de género por una conversación de 2 guajiros que viven en esa cultura, donde 36 dirigentes del fútbol colombiano no se ponen de acuerdo para saber, cómo, cuándo y dónde empieza el fútbol, donde una mujer por el gravísimo pecado de utilizar su parqueadero agrede a un hombre como si fuera un macho y ahí sí, las Asociaciones de mujeres no dicen nada.

La alegría va en cada uno y como decía Edgar Perea : “Que no se pierda la dulzura de tu carácter”, no es fácil abrir la nevera y no encontrar nada, no es fácil ir al cajero y que no haya recursos, no es fácil dejar de abrazar a tus hijos, a tu madre, a tu amor, porque un virus del cual ni sabemos todavía que es lo que pasa, no nos permita sentir la vida y el cariño de los demás.

No me gusta la palabra reinventarse, porque yo no tengo que reinventarme, yo soy como soy, yo lo que tengo es que aprender a vivir en el actual mundo y lo que no puedo es perder la ilusión de respirar cada día cuando el creador me da esa oportunidad.

El deporte es un gran camino y si aprovechamos la media horita, la horita que nos dan para caminar, para respirar, para sentir el sol y la brisa de la mañana, estaremos logrando que no se pierda la alegría, porque como decía mi padre: “mientras respiremos, estamos vivos y mientras estemos vivos hay que seguir adelante”.  Sonríe, la cámara te está viendo.

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