Resultado de la violencia

Resultado de la violencia

“Les agradecemos por habernos recibido en su comunidad, por creer en nuestra palabra y por vincularnos en el trabajo que como junta desarrollan por el bienestar de todos y todas. Seguiremos apostándole a la paz en otro lugar, firmes en nuestra decisión de construir un país para todos y todas y exigiendo que se cumplan cada uno de los puntos del Acuerdo de Paz.

Dejamos para beneficio de la comunidad de El Vergel 3 hectáreas de sorgo y 2 de soya, con los respectivos insumos agrícolas para culminar su ciclo productivo; 60 toneladas de silo de maíz y sorgo para que cada pequeño ganadero de la vereda lo aproveche de manera racional y equitativa; y una huerta con cultivos de lechuga, tomate, habichuela, papa, zanahoria y pepino. Si alguien debe beneficiarse de lo allí dejado, deben ser los campesinos y campesinas de la vereda que carecen de tierra y recursos suficientes para una vida digna”.

 Esto decía en uno de los párrafos de la carta enviada por Daincoop, una cooperativa conformada por excombatientes y miembros de la comunidad, acompañados de profesionales, encargados de desarrollar proyectos agrícolas con los habitantes de la vereda El Vergel, haciendo también, más productiva el Área de Reincorporación El Diamante.

La retirada, según ellos, obedece a la violencia y a la represión estatal de la cual se están viendo afectados, junto a la comunidad, lo cual los hace estar en una posición insostenible y, aseguran, que por seguridad es mejor abandonar la zona e ir a “construir paz” (como lo dicen ellos) en otra parte del país.

Sin embargo, desde el otro lado, las Fuerzas Militares han denunciado constantemente hostigamientos y ataques por parte de la población civil, aparentemente influenciados por las órdenes de uno de los personajes más buscados en el Meta, alias ‘Gentil Duarte’. En Colombia es común hablar de guerra, ahora parece que a nadie le sorprende, aun cuando se firmó un acuerdo de paz. Se ha convertido en parte de la idiosincrasia.

Sin embargo, esta violencia no es más que un reflejo de olvido de las raíces colombianas y ambición de poder y territorio. En medio, siempre está el pueblo. Influenciado por uno o por otro bando, siempre es quien termina siendo víctima, poniendo muertos y siendo acorralado por las balas que vienen y van de lado y lado. Si hablamos de Ejército y Guerrilla, ambos se honran diciendo que protegen al pueblo (unos desde la legalidad, otros no), pero no han podido ejercer acciones que realmente saquen a los civiles inocentes del fuego cruzado.

Se van compañías, los organismos humanitarios parecen no tener mayor impacto en la solución de este conflicto, los muertos siguen y seguirán llegando de parte del pueblo, de las FFMM y de los combatientes al margen de la ley; la pesadilla de la guerra no está ni cerca de convertirse en el sueño de la paz.

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