Se vino la guerra química

Meta “Quo Vadis”?

Adelanté un debate en la Cámara, al lado de Guillermo Rivera, liberal del Putumayo; demostramos lo nocivo
e inconveniente de las aspersiones aéreas con glifosato, argumentamos con datos médicos y científicos; aporté estudios del doctor Freddy Altamar Ríos, galeno especializado del Hospital de Villavicencio, receptor de pacientes provenientes de la Orinoquia, Guaviare y zonas rurales del Meta, sobre las cuales se derramaba el mortífero veneno. Mujeres con lesiones permanentes en el tubo neural, malformaciones fetales, y muchas enfermedades: El hospital tenía, según estadísticas oficiales, el más alto número de niños con labio leporino, paladar hendido, problemas cutáneos y muchos males; los ambientalistas por su parte demostraron los daños
a los ecosistemas y a la fauna; la destrucción de la economía agrícola campesina. Las abejas y otros insectos mueren instantáneamente después de cada aspersión, destruyendo los polinizadores naturales.

Invitados al Consejo Nacional de Estupefacientes, reiteramos argumentos, reforzando los mismos por una indemnización que Colombia tuvo que pagar al Ecuador por efectos colaterales de tantas fumigaciones con glifosato; la comprensión del ministro de justicia Alfonso Gómez Méndez lo puso de nuestro lado, también Alejandro Gaviria titular de Salud, al igual que el presidente Santos, y desde entonces las aspersiones aéreas fueron suspendidas.

Hoy el gobierno más comprometido en episodios de narcotráfico, (vicepresidente, un embajador), no reconoce el problema social; haber abandonó programas de sustitución voluntaria; incapaz de desarrollar políticas públicas alternativas, prefiere revivir una conflagración social que pudo superarse con el proceso de paz. Empero, siendo este un gobierno guerrerista, no cabe duda, las aspersiones aéreas son una forma deliberada de atizar el conflicto del que buscan dividendos electorales. El viceministro de entonces, médico Fernando Ruiz, partidario de la suspensión de las aspersiones hoy ministro, consecuente con su servilismo, cambia de opinión convalidando las fumigaciones; funcionario incoherente que privilegia su puesto a las convicciones, refrenda la voluntad de guerra.

El campesino no es el enemigo; los narcotraficantes están más arriba; no los tocan; En Colombia, país de muchos radares, pusieron fin a las interceptaciones aéreas, con las que Ecuador terminó el problema. Duque sigue empecinado en profundizar la guerra, el campesino se verá forzado a alinearse con los grupos armados para enfrentar, o para defenderse del enemigo común, que ahora es el Estado, con su despliegue de aviones, helicópteros y veneno, mientras los niños lloran. Nadie huye; imposible correr con la familia. Una sola aspersión convierte el lugar en un infierno.

“Toda fuerza destructiva es en sí misma antipolítica”, dice HANNA ARENDTH, por consiguiente ahí está la decisión del gobierno, la inconveniencia de las aspersiones con glifosato, serán un nuevo frente de conflagración, que se unirá al estallido social por venir. ¿Querrán justificar el fascismo?

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