Ser o no ser

Colombia líquida

El clásico dilema Shakesperiano recobra vigencia, esta vez con inusitada virulencia y no propiamente por la pandemia: ser de derecha o ser de izquierda, con proximidades o moderaciones hacia un margen o hacia el otro. En sentido estricto, la franja
de los entendimientos, los consensos, las divergencias y las mayorías y minorías acerca de la suerte de los pueblos y los Estados está allí representada políticamente en el ámbito de la democracia. El centro, posición políticamente correcta o conveniente, no existe como tal. Se concilia o se pacta en función de un interés superior y algo se sacrifica en procura del “bienestar de la patria” y de los conciudadanos, pero siempre dentro de los canales de la civilidad y atendiendo los principios de razonabilidad, legalidad y progresividad en las determinaciones. La Tercera vía, muy promocionada hace unos años, en el ejercicio del poder real fue distorsionada por uno de sus precursores, cayendo de bruces ante el neoliberalismo galopante en el Reino Unido, lo cual me recuerda a la Democracia Cristiana en Chile y de cómo ésta le negó el apoyo a la Unidad Popular.

Yo quisiera que “el centro”, que hoy se presenta como la opción de la esperanza (que ya no sería de centro), le contara al país cómo va a reducir el coeficiente de Gini, con una concentración de riqueza tan alarmante, especialmente en la tenencia de la tierra, y de paso, resolverle el problema a millones de campesinos e indígenas desplazados por los paramilitares en los últimos años. También sería interesante el manejo que habría de darle a la actualización catastral en regiones dedicadas a la ganadería o a la agricultura intensiva; los efectos de la pandemia sobre el empleo, efectos de por sí graves y que ahora exponenciados por la moda de la virtualidad y el estatuto temporal otorgado a los venezolanos, merecen no solo una opinión; ¿acaso, se revisarán los tratados de libre comercio para asegurar la producción nacional y la estabilidad de las pymes?

Valdría la pena conocer el talante para sofocar definitivamente los incendios en la Amazonia, detener la tala del bosque nativo y eliminar cualquier pretensión económica sobre los páramos. ¿Y los Acuerdos de La Habana? La lista de reivindicaciones es larga y merece precisiones.

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