Trochando

(La) Uribe

Cuando la vida está controlada plenamente, todo es predecible y las respuestas a las grandes preguntas son postergadas. Hoy la vulnerabilidad de la especie humana nos obliga a pensar al menos una respuesta por ejemplo, al sentido de nuestra existencia. Millones de personas al borde mismo de la fatalidad por la pandemia, en medio de las tribulaciones y el dolor no encuentran explicación a la interrupción del futuro que -creían- tenían asegurado, frente a una realidad que nos absorbe como un remolino, no solamente por el Coronavirus.

También por el abuso cometido al adueñarnos del planeta sin reconocer que éramos apenas unos inquilinos. El daño causado por cataclismos y tsunamis, como muchos otros eventos naturales, en sí mismos no son actos morales a pesar de la tragedia ocasionada. Pero sí son actos inmorales la explotación inescrupulosa de los recursos naturales, el efecto invernadero, la pobreza, el hambre y la enfermedad de países enteros, la guerra bacteriológica y el poder desmedido del capital financiero. Por ahora aceptemos que el Covid-19 es un “mal natural” pero no es igual al “mal moral” de regímenes que están aprovechando la emergencia para consolidar su poder y de paso, permitir que la corrupción haga carrera a expensas de las necesidades de la gente.

Lo cierto es que la situación parece convenir a esos intereses siniestros y lo que debemos hacer es asumir el desafío de la pandemia y exigir y procurar implementarlo, un cambio sustantivo en nuestros comportamientos y en los modelos económicos que nos condujeron a la encrucijada.

Mientras la ministra del Interior nos recomienda rezar para evitar que la improvisación, el desacierto y la mentira del alto gobierno nos haga más daño (mal moral) del que estamos padeciendo, yo recordaría a Nikolai Ostrosvki quien en su obra “Así se templó el acero”, sintetiza con crudeza el sentido de las luchas cuando sobrevienen las desgracias: “Lo más preciado que posee el hombre es la vida. Se le otorga una sola vez y hay que vivirla de forma que no sienta un torturante dolor por los años en vano, para que no queme la vergüenza por el ayer vil y mezquino”

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