¿Urgencia?

¿Pa´cuándo?

Según palabras del contralor departamental, Carlos Alberto López, en el Idermeta se firmó un contrato para suministros de gasolina y lavado del carro oficial de la dirección, por un valor de 10 millones de pesos. Más allá de lo legal y de lo jurídico, que es firmar contratos con base en la urgencia manifiesta y 5 días después de haberla declarado, investigación y fallo que le corresponde a la Contraloría y a la autoridad competente, lo cuestionable es que, con 5 meses de gestión, el Idermeta vaya girando 10 millones de combustible y lavado de vehículo.

Haciendo estas cuentas de a 100 mil pesos por tanqueo, tendría 100 tanqueos, y en un tanqueo por semana se cubriría lo que resta del año y sobraría plata, pero sumándole los lavados a 30 mil pesos promedio, le alcanzaría en 3 millones, para otros 100 lavados, uno por semana y seguiría sobrando plata.

Estos gastos para un aprendiz de contaduría o de administración pública, pertenecerían al rubro de funcionamiento, pero jamás podrían entrar en la urgencia manifiesta, porque nadie puede determinar cuánto dura la urgencia y hechas las cuentas cubriría todo el año y sobraría plata.

Pero más allá de lo legal, de lo jurídico, hay algo que se llama solidaridad moral, solidaridad con los deportistas y técnicos que han hecho grande al Meta, solidaridad que ha consistido en unos mercados y en bellas promesas y a punta de videos se quiere construir una buena labor, cuando aquí se necesita algo más. Si esos dineros de la urgencia manifiesta hubieran sido utilizados en 5 deportistas o en 5 técnicos de a millón mensual, tendrían 2 meses de contrato, 2 meses de servicios públicos, 2 meses de tranquilidad.

Hay cosas que son políticamente correctas y como esos términos están tan de moda, este es un hecho políticamente incorrecto, insolidario y de mal gusto, porque mientras un deportista tiene que caminar o pedalear grandes distancias para entrenar, muchas veces sin el desayuno, hay funcionarios que se sienten reyezuelos en sus flamantes 4 puertas y se les olvida lo primordial, el recurso humano.

Yo no sé qué pase en la Contraloría o en la Fiscalía o en todas las ías, pero lo que sí sé, es que Fabian Torres debe cancelar ese contrato, pagar la gasolina y el lavado de su vehículo, porque termina siendo su vehículo, de su sueldo y devolver ese dinero a una necesidad urgente, no a un lujo y a una actitud soberbia e insolidaria y que deja muy mal parado a un gobierno que prometió en campaña hacer del deporte su bandera.

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