Miguel Ángel Vanegas 

La distorsión de la misión de la prensa es -tristemente- una verdad de a puño. Hace un año o algo más, fue clausurado “Llano Siete días” pues el periódico no era rentable, sin reparar en la importancia regional del medio y en contravía de lo que significa la información veraz y objetiva como soporte real de una democracia.

Hay razones que obligan a la prensa a reinventarse, por ejemplo, el cambio en los consumos informativos de las nuevas generaciones que, hoy en día, acuden más a las redes sociales; también la masificación de los avances tecnológicos que permiten la socialización de la levedad, la improvisación, la noticia falsa y en general la desinformación.

A la ausencia de lectores se le suma la deslealtad de la pauta: la inversión en medios debe ser negocio o sencillamente no va, esa es la moral a rajatabla, y si los políticos se asocian con el poder económico, la tenaza funciona, particularmente cuando los primeros requieren de la promoción y la propaganda de sus realizaciones.

Si en efecto, la prensa contribuyó tanto como los “salones”, clubes y “cafés” en el fortalecimiento de la ciudadanía en los albores de la modernidad, actualmente los caminos a seguir para su permanencia son el pragmatismo y la adulación para acceder a la pauta o su reinvención para conservar la independencia y el buen juicio en la calidad del mensaje. Hoy Noticias UNO, en “modo Shakespeare” vive su propio drama: Ser o no ser.