Carlos Arturo León Ardila 
 

El reciente incidente en que soterradamente venían haciéndole el feo al mercado campesino, en principio parece tener un avance más no el final deseado, digno y, justo correspondiente para nuestros valiosos compatriotas del agro. Les resultó a algunos opositores fácil magnificar como argumento falaz, que los campesinos son intermediarios; o, que una estufa allá con cilindro; la ausencia de baños; una descarada compensación por el uso del polideportivo; o, que el escenario no es apropiado.

Y, se desnudaron prejuicios como alguna válida razón que en justicia podría asistirles y, se hizo con elementales soluciones: Ellos, marginados, víctimas, productores ejemplares son auténticos labradores inconfundiblemente cultivadores con manos callosas, rostros curtidos; con la alta calidad orgánica sin pesticidas en frutales – hortalizas – verduras – lácteos, huevos, derivados, etc. Entonces, con una estufa eléctrica se resolverá el pretexto. Por baños no hay problema.

Otro tanto, ¿por qué compensaciones por ligeros impactos del lugar siendo de beneficio incomparable para la ciudad y, las juntas comunales han de contribuir a embellecer y, acompañar? Además, por favor, ¿por escasas 4 horas cada 15 días, los sábados, armar un litigio con sospechosa difamación? Molesta reincidir, pero las tradicionales consecuencias de indiferencia de ciertos sectores que interpretan al campesino como a un paria, ponen sobre la discusión, por qué estamos como estamos.

La hipocresía y el desdén social que recuerde han sido de toda la vida. Es hora de salirle al paso al repugnante cultural, en pleno siglo XXI, horrorosamente discriminatorio. Si algo debe coger absoluto vigor, es la civilizada recuperación del campo, con paz, políticas públicas serias, vías de acceso, distritos de riego, educación, insumos económicos en fin.