REDACCIÓN SIE7EDIAS
 

Siendo profesor desde hace décadas me encuentro en una envidiable posición para ver los cambios mal o bien en el sistema educativo de la Colombia profunda y por más que desde la Bogotá central toman decisiones novedosas o hacen inversiones nuevas (que son hechos ciertos) hay vacíos inmensos en el sistema que socavan cualquier índice de calidad y propician el aumento en la brecha ciudad-campo, riqueza-pobreza, desarrollo-atraso y lo más importante seguridad-inseguridad.

Me explico: Primer semestre y primera semana de cálculo: repaso de grado 11 de bachillerato: qué es una función, cuáles son los límites de la función, qué son las asíntotas de una función y qué es una inecuación.

Varios estudiantes se paran y me dicen que de qué rayos les estaba hablando. Mirando con más profundidad me encontré con que los revoltosos vienen de Uribe, Lejanías, Mapiripán, Mesetas, Puerto Concordia, Puerto Lleras, Puerto Rico, San Juan de Arama, Vista hermosa, etc. Y me dicen que jamás en su vida han visto eso y algunos me comentaron que desde grado 8° no han tenido ni profesores de inglés, ni de física, ni de matemáticas, ya que por ser zonas rojas los docentes no se arriman por allá.

¿Qué hago? ¿Divido el curso en dos? entre los que son de Villavicencio y los otros, o ¿pido a los otros que hagan un semestre de preuniversitario? ¿O me hago el loco y dicto mi clase sin importarme quién entienda o no?
Esta es la realidad educativa de la Colombia profunda.