Construyó 2.500 metros de alcantarillado comunitario

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Manolo Torres 
Periodista

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En El Brillante los vertederos de residuos sépticos no dejaban jugar a los niños. Un ciudadano intervino con sus propios recursos

“Yo llegué en el año 2015 cuando esto era un potrero prácticamente”, afirma José Adolfo Castillo, habitante del barrio El Brillante y quien es el protagonista de esta peculiar historia que tiene lugar en la comuna 8 de la ciudad de Villavicencio. El hombre cuenta que al principio los habitantes vivían muy bien, ya que el vecindario tenía pocas casas y él podía suplir sus necesidades con el pozo séptico que había en el lote de su vivienda.

 Sin embargo, para finales del año 2016 el vecindario se fue poblando más y más, provocando que la contaminación aumentara de forma incontrolable en todo el sector. “El vertimiento de las aguas hervidas generaba que todas las calles se llenaran de heces y residuos de todo tipo, convirtiendo a la zona en un cultivo de enfermedades tanto para los niños, como para los adultos mayores”, aseguró Castillo.

El hombre afirma que los pozos sépticos empezaron a colapsar y se podía ver las aguas negras escurriendo por todas las calles. “Al ver esto, les planteé la idea de a los vecinos de construir un alcantarillado comunitario, ya que soy tecnólogo y tengo amplio conocimiento en la construcción de redes de desagüe”, señala.

Aun así, el habitante del sector no consiguió que los habitantes del barrio lo apoyaran en su totalidad y cuando ya tenían todo planeado muchos le dieron la espalda y pusieron en duda su proyecto. Ante estas adversidades José Adolfo no se rindió y empezó a diseñar un alcantarillado que conectara a su casa con un alcantarillado cercano. “Se inició desde mi hogar con una distancia de 350 metros, la idea era llevarlo hasta un conector de otro desagüe con una medida de 4 pulgadas, pero en esa zona no nos dejaron colgar”.

Por fortuna, este fue otro obstáculo que el señor Castillo pudo superar, con el apoyo de la gestión de la presidenta de la Junta de Acción Comunal que había en aquella época. “Ella me consiguió un permiso verbal para que yo me pudiera unir a la conexión Ocoa, se pensaba que esta era un conector para aguas lluvias pero se concluyó que no era así, permitiendo que el alcantarillado comunitaria se uniera a él”, aseguró José Adolfo.

 Actualmente el alcantarillado tiene una distancia de 2.500 metros. Al observar que la red de aguas sí funcionaba, los otros vecinos decidieron comprar su derecho para unirse al desagüe. “Cuando yo diseñé el modelo, muchos de los que me iban a apoyar desistieron, pero yo saqué recursos de mi bolsillo para construir el sistema de alcantarillas porque no quería que mi hijo siguiera jugando entre heces y basura”, manifestó el hombre con tono de indignación.

Por otra parte, menciona que con este alcantarillado comunitario se están supliendo las necesidades de salubridad con las que tanto padecía el barrio El Brillante. “Los niños ya pueden salir gateando, pueden jugar en las calles con total libertad. Antes tenía que bañar a mi hijo con alcohol y agua hervida para limpiarlo de los gérmenes que producían los desechos. Ahora puede correr feliz, sin el miedo de enfermarse”, finalizó.

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