Carlos Arturo León Ardila 
 

Los colombianos no entendemos cómo se administra esta nación. Muy, muy antaño la economía e intereses se disputan haciéndonos trizas. Ello en parte explica por qué somos tan desiguales, excluidos, violentos y polarizados, con toda suerte de teatros que nos hacen distraer y ver lo contrario. En esa asquerosa disputa obvio, no escapan los altos gremios. No solo gobiernan descaradamente. Tantos dentro del estado como ministros, gabinetes, componendas, embajadas, mandos que hasta la Fiscalía son y han sido de dichos los gremios.

Ya la tridivisión de los poderes, la institucionalidad hizo totalmente crisis. Desde las campañas electorales, los ríos de dinero promoviéndose mezquindad con millones de recursos privados sea banca, industria, exportadores, contratistas, etc. Mírese en la caída del referendo por la paz; el despeñamiento de la reforma a la justicia incidieron pasando límites. En el reciente proyecto del contralor general por válidos cambios en la entidad vimos dichos gremios con soberbia difamación magnificando y, las instituciones arrodilladas dizque conciliando.

Y, lo peor es que sus jerarcas se solazan, hacen gala de sus nocivas prácticas contra toda forma de organización y articulación sensatas. Las últimas cerezas, el escándalo de ODEBRECH donde hasta la Fiscalía del tristemente célebre ex salió pésimamente librada y, el grito de guerra desde el Palacio de Nariño del presidente del Consejo Gremial adelantándosele al mandatario DUQUE por los sinvergüenzas rearmados. Mientras tanto, los pequeños gremios, los estamentos y demás segmentos pendemos de la voracidad del poder y sus antidemocráticas migajas.

Podemos “disputarnos los derechos” empero respetando en equidad. Porque insistiré, vamos como pa´Venezuela poco a poco. Por lo pronto, ¿seguirán así los altos gremios?